Julie salió del vestidor con el mono azul marino ajustado a su figura.
Los destellos dorados en los costados le daban un aire sutil de poder,
elegante pero sin esfuerzo.
El cabello suelto, maquillaje suave, tacones firmes.
Era fuerza. Era contención. Era ella.
Sean ya estaba en la sala principal de la suite.
Traje negro, camisa sin corbata, reloj discreto,
y esa mirada que podía volver cualquier entrada una escena principal.
Al verla, se detuvo.
El silencio le bastó.