Sean se acomodó en el asiento de cuero del Gulfstream, mirando por la ventanilla sin realmente ver nada.
Luca estaba a unos pasos, ocupado con papeles y protocolos. El ruido del motor aún no iniciaba, pero el ambiente ya olía a distancia.
Sean abrió la mano.
Ahí estaba el reloj.
Ese objeto mínimo que Julie había llevado hasta él.
Y aunque parecía un gesto simple, el peso del metal le ardía entre los dedos.
La escena de Julie en bata, sus palabras breves, su mirada contenida…