Julie cerró el grifo lentamente, el sonido del agua apagándose dejó un eco momentáneo en la cocina. Se giró despacio, aún sosteniendo el último plato con las manos húmedas, y quedó justo frente a Sean.
Él no se había movido, pero la forma en que la miraba decía que el mundo podía detenerse en ese instante sin perder sentido.
Julie alzó la barbilla apenas un poco, sus ojos fijos en los de él, y sus labios peligrosamente cerca.
—Si todo lo que toco se vuelve mío…
deberías cuidarte de es