La luz gris de Londres filtraba delicadamente entre las cortinas de la casa en Eaton Terrace.
El desayuno ya era recuerdo y los abrigos estaban listos junto a la puerta.
Julie se acomodó los lentes de sol mientras Sean cerraba la hebilla de su reloj con gesto distraído.
—¿Te apetece un paseo antes de que el mundo editorial vuelva a tragarnos? —preguntó ella.
—Pensaba llevarte en helicóptero sobre la ciudad, pero me dijeron que Bond Street vende mejores emociones.
Julie sonrió.
—Y