La celebración en Sell Publishing había comenzado a apagarse. Las copas se habían vaciado, el pastel ya era recuerdo dulce y los asistentes se despedían entre promesas de nuevos proyectos.
Julie se acercó a Sean mientras los últimos brindis morían en murmullos.
—No muy lejos de aquí está mi casa —dijo con tono casual—.
No es una mansión de seis alas ni tiene botones de oro en los picaportes… pero es mía.
Cómoda, elegante… con paredes que conocen mi silencio.
Sean la miró con atenci