Con la música aún sonando en el salón principal, Sean había guiado a Catalina hacia una terraza lateral, lejos de los invitados, lejos de Julie. El aire nocturno era más fresco allí, y las luces del jardín apenas iluminaban sus rostros.
Catalina se apoyó en la baranda con una copa en mano, fingiendo calma.
—¿Tan urgente era hablar conmigo? —preguntó con tono ligero.
Sean no respondió de inmediato. La miró con una expresión que no dejaba espacio para evasivas.
—Sé que fuiste tú —dijo al