Julie entró cojeando levemente, los zapatos de la noche anterior le habían dejado una presión incómoda sobre la pierna y el vendaje, aunque retirado, pedía descanso urgente. No miró a Catalina ni respondió a los suspiros de exagerada cortesía que esta soltó al verla.
—¿Puedo tomar la sala para una reunión final con mi equipo? —preguntó Julie, deteniéndose entre los escritorios.
—¿Puedo tomar la sala para una reunión final con mi equipo? —preguntó mirando directamente a Sean.
—Por supuesto