Emily estaba sentada en la sala de espera del hospital, con el bolso sobre las piernas y los dedos inquietos.
Sean se acercó con el celular en la mano.
No dijo nada de inmediato.
Solo se lo tendió.
—Revisa esto —dijo. Su voz cargaba con más peso del necesario.
No era sólo información. Era una declaración.
Un intento desesperado por abrir el cerrojo sin destruir la puerta.
Emily tomó el teléfono.
Presionó “play”.
El video mostraba todo.
La alberca.
El momento en que