La habitación estaba silenciosa, solo el sonido leve de la máquina monitoreando el ritmo cardíaco llenaba el espacio.
Julie yacía en la cama, respiración suave, ojos cerrados… pero el cuerpo ya no completamente inerte.
El medicamento que le habían administrado empezaba a desgastarse.
No lo suficiente para moverse.
Pero sí para escuchar.
Sean se encontraba a pocos pasos del borde de la cama, de pie, observándola como si pudiera leer cada señal de mejora.
Emily entró con paso con