CAPÍTULO 65. Instantes furtivos.
El auto avanza lentamente por la avenida, rumbo a la mansión. El silencio pesa en el aire, solo interrumpido por el ruido del tráfico a lo lejos. Alejandro, con el ceño fruncido, mira por la ventanilla como si quisiera escapar de ese encierro invisible que lo rodea.
—No quiero volver directo a la mansión. —Se humedece los labios, dudando apenas un segundo antes de añadir—. Se me ocurre llevarte a un lugar… distinto.
Antes de que ella responda, él la observa, inclina la cabeza y una media sonris