CAPÍTULO 36. Obsesión.
El chofer detiene el coche frente a la casa de Andrés Baeza. Han pasado tantos años, pero el simple hecho de saber que volverá a verlo le acelera el corazón.
Lo ha amado con una devoción casi insana, un amor que la marca a fuego. Y él… él la miró, quizá la deseó, pero al final la dejó por otra.
Ese recuerdo aún le arde como una herida mal cerrada.
Aprieta su bolso con fuerza. ¿Por qué estoy nerviosa? —se recrimina—. No viene por él, se dice a sí misma, sino por un asunto que no puede postergar