CAPÍTULO 35. Un despertar inesperado.
Alejandro abre los ojos lentamente, la luz blanca del techo le incomoda. Parpadea varias veces, tratando de enfocar la habitación que lo rodea.
Está solo. La habitación es fría, con paredes blancas y un gran ventanal que deja entrar la luz del sol. No hay rastro de nadie más.
Toma aire, y con esfuerzo mueve la mano para tocar el timbre junto a su cama. El sonido es suave pero claro.
Después de unos segundos, una enfermera entra rápidamente, con rostro amable pero algo apurada.
—Señor Ferraro.