CAPÍTULO 31. Una salida a oscuras.
—Estoy cansada, me quiero ir a la habitación.
Alejandro gira el rostro hacia ella, la observa por un segundo con una expresión neutra, impenetrable. Luego, sin cambiar el tono de voz, responde firme:
—No.
—¿Cómo que no? —pregunta ella, frunciendo el ceño.
Él le toma del brazo con suavidad, pero con una presión suficiente para que entienda que no tiene elección.
—Esta noche no se trata solo de ti, Valentina. Me acompañas hasta el final.
—Estoy agotada, Alejandro. He sonreído, he hablado, ya no p