CAPÍTULO 32. “No puedo dejarlo”
Valentina baja las escaleras con el corazón en la garganta. El bolso en una mano, la otra temblando apenas. Cada paso resuena como un eco de su decisión. La música del salón aún vibra, mezclada con risas, copas, conversaciones. Nadie la ve. Nadie nota que se va.
Cruza el pasillo hacia el ascensor trasero. Piso menos uno. Tal como Luca le indicó.
Las puertas se cierran. El silencio dentro del ascensor se vuelve ensordecedor. Mira su reflejo en las paredes metálicas: ojos brillantes, rostro tenso