Capítulo 28.

—¡Solo ignóralo!—, dijo Chía tomando la mano de Evangeline.

Ella estaba muerta de miedo, y sus piernas estaban temblando. Obviamente recordaba lo que había pasado con Ander, y lo que Lysandro había intentado hacerle, pero no podía demostrar temor ante ese hombre desconocido, vestido de soldado romano.

Intentaron continuar su camino, esquivando a aquel sujeto, sin embargo él se atravesó frente a ellas y dejó claro que no las dejaría pasar. Aunque lo que más les aterraba era su sonrisa perturbad
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