Capítulo 29.

—Te daré solo una oportunidad para decir la verdad acerca de donde estabas—, dijo Lysander con esa actitud frívola y calculadora que lo caracterizaba.

La boca de Evangeline se abrió varias veces, pero no fue capaz de pronunciar ninguna palabra.

La verdad no podía pensar en la forma en la cual decirle que había estado en un antro rodeada de otros hombres. No existían palabras que pudieran salvarla de ese castigo.

Ya se imaginaba nuevamente vestida de mucama, o haciendo algo peor y más humillante.

—Sé que estuviste en ese antro de mala muerte, Sarah—, confesó.

—¿Cómo sabes eso?—, preguntó, sorprendida.

Lysander mostró la pantalla de su teléfono, y de inmediato, Evangeline pudo ver una aplicación de GPS que él había instalado en su teléfono sin que ella lo notara.

El muy desgraciado había estado siguiendo sus pasos sin que ella tuviera la menor idea.

—Sube a la limusina. Hablaremos en la mansión—, ordenó, abriendo paso mientras su chófer abría la puerta de la limusina.

Evangeline s
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