Capítulo 61.
La luz del amanecer se filtraba por las cortinas de seda, bañando la cama en un tono dorado. Evangeline abrió los ojos y lo primero que sintió fue el peso del brazo de Lysander sobre su cintura. Estaba atrapada contra su pecho, sintiendo el calor que emanaba de su piel.
Por un segundo, el pánico le atenazó la garganta, pero el miedo se disolvió al escuchar el ritmo pausado de su respiración. Observó cómo su tórax subía y bajaba con una cadencia perfecta; había una paz extraña en él cuando no estaba gritando, cuando sus ojos no causaban una tormenta y estaban cerrados y su mandíbula no estaba apretada por la rabia.
Era difícil de asimilar. Esa había sido su primera vez, el momento en que se entregó por amor y no por obligación, y el hombre que la había tomado era el mismo que la compró por cincuenta millones. Pero la paz duró poco.
Una sombra gélida se arrastró por su columna cuando el rostro de Ander apareció en su mente. Recordó la fuerza bruta, el olor a perfume barato y el dolor