Detrás de la puerta entreabierta del despacho, una sombra se movió con suavidad. Elena, aún con su bata de descanso sobre los hombros, se había levantado al escuchar las voces elevadas desde el pasillo. Lo que escuchó no fue lo que esperaba.
Su cuerpo se tensó cuando escuchó con claridad la voz de Nathaniel… y luego la de Liam. Cada palabra era como un peso sobre su pecho. —Te daré lo suficiente para que desaparezcas de la vida de Elena para siempre. Sin olvidar que tu deuda con la mafia está c