Amadeus la observó en silencio. Sus manos se crisparon a los costados, y su mandíbula se tensó con fuerza. Sus ojos oscuros, normalmente impenetrables, reflejaban por un momento un atisbo de vulnerabilidad. No había esperado esa pregunta. No así. No con el peso del dolor en su voz, con la desesperación en sus lágrimas.
—Elena… —murmuró, dando un paso hacia ella, pero dudó.
Elena apartó la mirada, su pecho subiendo y bajando agitadamente mientras intentaba recuperar el control sobre sus emocio