Amadeus la miró fijamente, su expresión endureciéndose ante la pregunta de Elena. Su mandíbula se tensó, como si luchara con sus propias emociones. Finalmente, dejó escapar un suspiro y habló con voz grave. —No sé si el amor sigue siendo lo que nos une, Elena. Pero lo que sí sé es que no voy a perderte tan fácilmente. ¿Si quieres que deje a Rebeca? ¡Lo haré! Pero a cambio, quiero que me jures que nunca volverás a mencionar el divorcio. Quiero que te sometas a mí en todos los sentidos.
Elena sin