Rebeca tomó la mano de Isabella con una delicadeza calculada, guiándola hacia el centro de la habitación. La tensión en el aire era palpable, cada movimiento cargado de intención. Sus ojos se encontraron, una batalla silenciosa entre el orgullo de Isabella y la indomable voluntad de Rebeca.
—Sabes que no tienes escapatoria ahora, ¿verdad? —susurró Rebeca, su tono impregnado de una mezcla de dulzura y dominio.
Isabella, lejos de mostrarse intimidada, alzó la barbilla desafiándola. —Nunca quise e