La brisa helada de la madrugada envolvía el auto mientras Rebeca e Isabella regresaban a la mansión Blackwood. El silencio entre ellas estaba cargado de emociones contradictorias: satisfacción, ira y un deseo creciente de justicia. Isabella apretaba con fuerza el volante, como si quisiera descargar toda la tensión acumulada en el frío metal. Rebeca, sentada a su lado, no podía ocultar una sonrisa triunfal.
—Finalmente lo sabemos todo —murmuró Rebeca, rompiendo el silencio. Sus ojos brillaban co