Nathaniel llegó al jardín trasero de la mansión Gray, buscando la confrontación que había estado evitando. Allí estaba Rebeca, con un vestido de satén verde oscuro, su semblante altivo mientras inspeccionaba las flores recién arregladas. Sin preámbulos, Nathaniel se acercó con determinación.
—Necesitamos hablar, Rebeca. —Su tono era frío, casi cortante.
Ella se giró lentamente, arqueando una ceja. —¿A qué se debe tu humor, querido hermano? —sonrió con sarcasmo.
Nathaniel no perdió tiempo. —¿