Ha pasado una semana desde el entierro de Damon. Y aún me cuesta respirar.
Cada rincón de la mansión me recuerda a él. Su aroma sigue en las sábanas, su voz aún resuena en mi cabeza, y en las noches, cuando todo está en silencio, cierro los ojos y finjo que su cuerpo está junto al mío, rodeándome, protegiéndome. Pero cuando abro los ojos, todo vuelve a ser un infierno.
Un infierno sin él.
He intentado centrarme en la empresa de joyería, lo poco que no me recuerda directamente al mundo que Damon