Salí de ese maldito ático sintiéndome como si el suelo ya no existiera bajo mis pies.
Cada paso me dolía. No físicamente, no… algo peor. Como si llevara una daga clavada en el pecho, oxidada y sucia, una que no mataba pero me arrancaba el alma pedazo a pedazo.
Ahora lo entendía todo. Cada mirada de Damon. Cada gesto. Cada mentira.
Mi padre había matado a su prometida… y Damon me había elegido a mí para cobrarse esa deuda con sangre, amor y destrucción.
Yo fui su castigo.
Mi respiración se volví