El silencio entre nosotros se había vuelto costumbre. Casi tanto como la herida que yo ya no intentaba cerrar.
Damon y yo compartíamos el mismo techo, las mismas paredes... pero no la misma vida. Él volvía a ser ese hombre de hielo con el que me casé. Frío, distante, inalcanzable. Dedicado a sus asuntos en el despacho, como si nada de lo que pasó me hubiese marcado. Como si nunca me hubiera tenido en sus brazos aquella noche... ni aquella vez que me abrió su alma y me confesó todo su dolor y s