Los días en esta casa se habían vuelto una rutina silenciosa, como si cada habitación estuviera empapelada con los recuerdos que ya no se mencionaban. Damon y yo éramos dos extraños que compartían el mismo espacio. Vivíamos bajo el mismo techo, respirábamos el mismo aire… pero no nos tocábamos, no nos hablábamos más que lo necesario. Y lo poco que nos decíamos era tan frío que a veces me daban escalofríos.
Pero había algo que me carcomía por dentro. Algo que no podía seguir ignorando: Ween.
Ell