No dormí. Otra vez.
Las horas pasaban lentas, arrastrándose como si el tiempo mismo estuviera indeciso, igual que yo. Sentada junto a la ventana, con las rodillas abrazadas contra el pecho y la frente apoyada en el vidrio frío, solo podía pensar en una cosa: ¿Realmente quiero huir?
Esa era la idea inicial, ¿no? Firmé el contrato así que no podía huir. Después de eso solo debía cumplir mi parte. Escapar. Recuperar mi libertad.
Era tan simple al principio.
Pero ahora… ahora no estoy segura de sab