Lo encontré en su despacho, de pie frente a la ventana, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida entre los árboles del jardín trasero. Apenas abrí la puerta, su voz me alcanzó sin volverse siquiera a mirarme.
—Sabía que vendrías.
¿Lo sabía? Eso significa que me esperaba. Quizás ya sabe que alguien llamó, posiblemente sepa incluso lo que hablamos.
Yo suspiré, sin responder al principio. Cerré la puerta tras de mí y avancé unos pasos, cada uno más difícil que el anterior. Supe que era