La calma, cuando llega a esta casa, nunca es real. Es apenas un suspiro antes de la tormenta.
Habían pasado apenas dos días desde que le dije a Damon que me quedaba, desde que puse sobre la mesa mis sentimientos sin adornos ni disfraces. Él no me dijo que se alegraba. No me lo agradeció. Pero su manera de mirarme cambió. Como si ya no estuviera esperando que me fuera, sino temiendo que lo hiciera.
Y eso, de alguna forma, me bastó.
Pero como siempre… la paz fue breve.
Esa mañana el sol se colaba