El camino de la mansión a la empresa nunca me pareció tan largo. No es que suela venir, pero en esta ocasión el auto parecía demorarse más que nunca. Era como si cada minuto se alargara en el aire, reflejando mi creciente desesperación por llegar, confrontar a Damon y entender lo que realmente está pasando entre nosotros.
Cuando finalmente llegamos, Killiam estaciona el auto en la entrada y entrega las llaves a un empleado que las lleva al estacionamiento. Caminamos por el salón principal de la