POV ALEKSEY ROMANOV
Un día antes
El aire en la sala de juntas estaba cargado con el humo de los puros y esa pesadez que solo traen las decisiones importantes. Sobre la mesa de caoba maciza, los mapas satelitales de los puertos de San Petersburgo y Vladivostok brillaban bajo la luz blanca y clínica de las lámparas de cristal, revelando rutas que eran, en esencia, las venas por las que corría nuestra fortuna.
Artem presidía la mesa en silencio, observando los puntos estratégicos con atención. A su derecha, Sergei revisaba las frecuencias de radio, mientras Darko y Akin permanecían atentos desde sus lugares, cada uno analizando las rutas de escape. Éramos una unidad, una maquinaria que solo funcionaba si todas las piezas encajaban.
Y luego estaba Adrik.
Adrik tamborileaba los dedos sobre la superficie pulida de la mesa, un ritmo errático que me taladraba los nervios. Su mirada estaba perdida en un punto ciego de la pared, como si estuviera viendo algo que el resto de nosotros no podíamos