—Quiero volver —gemí con dolor, mientras tapaba mi rostro con ambas manos. Una nueva oleada de lágrimas, ahora más silenciosas y dolorosas, llegaba sin piedad.
Me sentía sola, más sola que nunca.
Siempre lo estuve.
.....
No sé cuánto tiempo estuve ahí sentada, envuelta en la soledad helada del gimnasio. Podrían haber sido horas. Sentía mis piernas entumecidas, hormigueantes, pero aun así no quería levantarme. No quería salir y ver a ninguno de la familia, porque seguramente ya todos lo sabían,