Ana me tomó de la mano con entusiasmo.
—Vamos, antes de que cambies de opinión.
Nos acercamos a la entrada y Aleksander saludó al guardia, que lo reconoció de inmediato. Bastó una mirada, un apretón de manos, y nos dejaron pasar sin esperar fila.
Apenas cruzamos la puerta, el sonido nos envolvió por completo. La música era intensa, una mezcla de bajos profundos y ritmos electrónicos que hacían vibrar el suelo. Las luces parpadeaban en tonos azules y morados, bañando los rostros de la multitud q