POV VITTORIA ROMANOVA
—Puedes bañarte aquí… conmigo.
El silencio que se instaló fue tan denso que juré poder escucharlo latir. Sentí como si el tiempo hubiera contenido el aliento, como si hasta las paredes esperaran su respuesta. Mi respiración se hizo lenta, irregular, y todo a mi alrededor desapareció, quedando solo ese instante suspendido.
—¿Puedes abrir los ojos? —su voz llegó baja, casi un ruego, y negué con la cabeza, incapaz de sostener su mirada.
—¿Por qué? —preguntó de nuevo, y esta v