POV VITTORIA ROMANOVA
Él me sostuvo más tiempo de lo necesario.
—Relájate —repitió, casi como una orden—. Deja que el movimiento te lleve. No luches contra la nieve, deja que fluya contigo.
Intenté hacerle caso. Otro intento, otra caída. Esta vez, hacia adelante. El golpe me arrancó un jadeo involuntario y sentí cómo el aire se me cortaba de golpe en los pulmones.
Estuvo encima de mí en cuestión de segundos, rodillas hundidas en la nieve a cada lado de mi cuerpo, sus manos quitándome la nieve del rostro con brusquedad.
—Respira, Tori. —Su voz salió tensa, quebrada en una furia que no supe si era conmigo o con el miedo que lo devoraba—. Respira.
Inspiré de golpe, tosiendo un poco, y él me levantó como si no pesara nada, pegándome contra su pecho. Su mano se posó en mi nuca, obligándome a mirarlo.
—¿Cómo estás respirando ahora? ¿Arde? ¿Sientes opresión? Dímelo.
—Estoy… estoy bien —jadeé, intentando calmarme.
Sus labios se apretaron en una línea dura, incrédulo.
Lo vi cerrar los ojos un