—Hoy te mostraré el regalo de bodas que me hizo mi padre —dijo en voz baja, casi contra mi cabello—. Ahí puedo realizar mi deporte favorito.
Me separé un poco para mirarlo, fingiendo un puchero.
—¿Y por qué te regaló algo solo a ti y no a los dos?
Una sonrisa ladeada se dibujó en sus labios, esa que siempre me desconcertaba.
—Bueno, para ese momento no sabía de tu enfermedad.
Mi sonrisa se desdibujó un instante.
—Oh… ¿es al aire libre? —pregunté con cierta incomodidad. Fue inevitable no hacer u