—Capturamos a uno de ellos y habló. —Un escalofrío me recorrió el cuerpo al escuchar aquello. La expectativa me tensó los músculos como cuerdas a punto de romperse—. El don no sabe nada de lo que pasó, él no dio la orden. Fue el padre de Luca. Hizo un acuerdo con Antonella.
Fruncí el ceño, sin entender una mierda de lo que me estaba diciendo.
—¿Acuerdo? ¿Qué acuerdo?
Mi mente se disparó en mil direcciones, buscando explicaciones, pero ninguna era lo suficientemente convincente para justificar lo que habían hecho.
—Me temo que no lo sabía.
Cerré los ojos y forcé a mis pulmones a respirar hondo. Control. Tenía que mantener el control.
—Si saben otra cosa, me lo informas de inmediato.
Abrí los ojos y fijé la mirada en la puerta principal, abierta de par en par. Solté un suspiro cargado de frustración. No tenía idea de cómo le diría a Vittoria que tendría que matar a su prima, la misma que intentó asesinarla. No quería romperle los pocos días de tranquilidad que por fin había encontrado.