POV VITTORIA ROMANOVA
—Solo es tu ego hablando —afirmé con frialdad, obligando a mi voz a sonar más fuerte que mi temblor interno—. Nada más. Sigue odiándome. Continúa con los malos tratos... vamos. Es lo que sabes hacer, ¿no?
Un destello de dolor cruzó por sus ojos, pero lo sofocó con rapidez. Era un maestro del control. Un artista de la represión.
—Hace unos días pudieron realizar el procedimiento para obtener una muestra de ADN del bebé —explicó, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido.