POV VITTORIA ROMANOVA
Desde que Alek me había dicho que pronto toda su familia estaría aquí, me había dedicado a organizar sus habitaciones y a asegurarme de que todo lo que pudieran necesitar estuviera en su lugar. Esa tarea, que yo misma me había impuesto con tanta dedicación, había puesto a prueba la paciencia de él y de Akin. Especialmente de Akin.
—No importa. Si necesitan algo, malditamente que ellos mismos lo busquen o lo pidan. Relájate, mujer —me había dicho Akin, al borde de perder la calma.
Estaba empujando sus límites, lo sabía, pero también sabía que, aunque lo hiciera, no me haría daño. Había aprendido a conocerlo y leerlo… tanto como me permitía.
—Milana, todo tiene que estar listo. Hoy llegan todos, y quiero que todo esté en su lugar —le recordé, mientras revisaba una lista imaginaria en mi mente.
—No tienes por qué preocuparte. Todo estará listo —sonrió con tranquilidad y continuó con sus labores.
Dios, estaba tan nerviosa. Pero también emocionada. Volvería a ver a An