POV ALEKSEY ROMANOV
No esperé reacción. Salí de allí de inmediato, cruzando el pasillo a zancadas. A mi alrededor, todo era un borrón. Solo había una cosa en mi mente: Vittoria. Y la necesidad animal de protegerla, de castigar a quien se atrevió a tocarla.
Cuando llegué a la habitación, los guardias asignados custodiaban la puerta. Se apartaron sin que se los pidiera. Abrí de una patada, el golpe resonó en toda la planta.
Katya estaba sentada en el sillón, acariciando su vientre con una tranquilidad casi burlesca. Como si no pasara absolutamente nada. Como si no tuviera idea de lo que acababa de suceder.
—Oh…qué bueno que hayas ve…
No la dejé terminar.
En menos de un segundo, la tenía alzada del cuello, empotrada contra la pared como si fuera peso muerto.
—Te lo advertí, Katya. Te lo advertí —le escupí, con la voz gélida y el alma en llamas.
Mis dedos se cerraron con precisión quirúrgica en torno a su garganta. Sabía dónde apretar. Sabía cuánto dolía. Y aún así, no me contuve.
Katya p