POV ALEKSEY ROMANOV
Nunca me gustó tener que lidiar con proveedores. Ni con las putas entregas, ni concretar envíos. Ni jefes, y mucho menos con los que se creen importantes solo porque pueden cruzar una maldita frontera con un par de kilos y una pistola en la cintura.
Toda esta mierda por una razón muy simple, no tenía paciencia para personas estúpidas que merecían estar muertas y no seguir robándonos espacio y recursos vitales.
Y, lamentablemente, hoy estaba rodeado de varios.
Nos encontrábamos en una de las salas de una propiedad que poseíamos para este tipo de encuentros. El aire olía a humedad, a tabaco y a impaciencia. Akin estaba a mi derecha, de pie, observando en silencio como si aquello fuera un espectáculo predecible.
Y lo era.
Desde el momento en que cruzaron la puerta, ya sabía cómo iba a terminar.
Tres representantes de una de las más peligrosas bandas de mongola "Chuluun" nos habían hecho esperar cuarenta minutos. Ese solo detalle me bastaba para saber que no tenían ide