POV VITTORIA ROMANOVA
—Yo... también me voy a dor... dormir —dije con torpeza, poniéndome de pie tan rápido que casi tiro la silla.
Pero no alcancé a dar ni un paso.
Su mano rodeó mi muñeca con firmeza, no violenta, pero con esa seguridad inquebrantable que lo caracterizaba. Me detuvo sin esfuerzo, como si con solo tocarme pudiera anclarme a su mundo, y entonces supe, sin siquiera mirarlo, que se había levantado también. Lo sentí. Su presencia era imponente, envolvente, como una sombra que lo c