POV ALEKSEY ROMANOV
—Vittoria. —La llamé en voz baja, aunque mi tono ya era tenso. La toqué suavemente por el brazo—. Vittoria...
Nada.
—¡Vittoria! —repetí más fuerte, zarandeándola ligeramente. Su cuerpo era blando, inerte, como si se hubiera desconectado del mundo. —¡VITTORIA!
El grito salió rasgado de mi garganta, y no me importó. La tomé de los hombros y la sacudí con más fuerza, con urgencia, con un miedo que no estaba dispuesto a admitir.
—¡Despierta, mierda! —Mi voz era dura, desesperada