Domingo por la tarde. Llovía.
Una de esas lluvias intensas de otoño que convertían Santiago en una ciudad gris y melancólica. El tipo de clima que pedía quedarse en casa, bajo mantas, con té caliente y buena compañía.
León había estado encerrado en su oficina del tercer piso toda la mañana trabajando en contratos para Valverde Capital. Yo había intentado leer, ver televisión, hacer cualquier cosa productiva.
Nada funcionaba. Mi mente seguía volviendo a los mensajes de anoche. "Algo tiene que ca