Nikita se acercó a la chica, viendo que se había quedado tirada en el suelo hecha un ovillo, escondiendo el rostro tras las rodillas en espera de más azotes.
La rusa comprimió sus labios.
—Si continúas con esa mentalidad de esclava eso es lo que serás toda tu vida, niña.
La cadera y la espalda de ella sangraban, producto de los azotes. El látigo de la matrona estaba confeccionado con púas en el extremo, las cuales se clavaban en la piel causando heridas. Las de la italiana no eran profundas, po