De pie, junto a la tumba, el Don de la mafya contemplaba como introducían el cuerpo en la tierra.
Un par de fornidos obreros de la fragua comenzaron a palear tierra sobre el féretro y un sudor frío lo recorrió.
Todas las sumisas, unas cien mujeres por lo menos, se mantenían también de pie, justo por detrás de dónde estaba su familia.
—Di unas palabras, Alex.- Murmuró Eván, aclarándose la garganta.
Los acontecimientos de la última media hora lo habían dejado aturdido, parecía que se movía por in