Al llegar a la Ciudadela, Alexis frunció el entrecejo notando que su familia no lo esperaba en la entrada, incluso Eván se movió incómodo a su lado. Por si las moscas, el Don sacó su arma, manteniéndola en su mano.
Una sumisa les abrió la puerta y Alexis supo que algo andaba terriblemente mal.
Su madre estaba de pie, pálida, su tía miraba a cualquier punto excepto a él, Yelana lo contemplaba con expresión expectante y Milia estaba francamente temblorosa.
—Bienvenido, mi Don.- Susurró su madre