Sofía:
—He venido a mi cita con el doctor Besikis.- anuncié y la recepcionista me miró como si yo tuviese tres cabezas.
—Perdón, Señora, pero no tenemos en nuestro staff a ningún doctor con ese nombre.
Me mordí el labio, apretando la cartera entre mis manos.
¡Maldición!
¿Recordaba mal el nombre o el imbécil de el mafioso de mierda e hijo de la gran puta me lo había dado mal?
Bufé exasperada y lo intenté de nuevo.
—Mire, vengo a ver a un siquiatra, es húngaro y sabe hablar muy bien el inglés.
La