Hay sangre.
Roja, espesa y tibia en mis manos.
Hay sangre en mi ropa, y en mi cabello y en el bate que sostengo.
En el suelo hay tres hombres inmóviles, ellos sangran y yo causé sus heridas.
Quiero soltar el bate y salir corriendo.
Quiero gritar que alguien me detenga, por favor.
Quiero tirarme al suelo y llorar, o mejor, llevar a esos hombres a un hospital para que los atiendan pero en vez de eso regreso a golpearlos, esta vez con más fuerza y roña.
—¡Brava! ¡Digna mujer del Don!- exclamó y ap